Para mantener cómodamente un grupo de 5–8 ejemplares hace falta un acuario de al menos 600 litros. Estas cíclidas no son exigentes con el diseño y se desenvuelven bien en diversas condiciones. Sin embargo, para mostrar su belleza al máximo conviene recrear el ambiente natural. Para ello se puede usar sustrato arenoso de grano fino y añadir algunas raíces y ramas que recuerden al entorno selvático. La iluminación debe ser tenue. Las plantas vivas no son obligatorias, pero se pueden incluir especies tolerantes a la sombra como musgos y helechos. Muchos aficionados añaden hojarasca de ciertos árboles para potenciar la apariencia natural. Al descomponerse, estas hojas liberan taninos que tiñen el agua de marrón característico. El éxito y la longevidad dependen del mantenimiento de condiciones estables dentro del rango óptimo de temperatura y parámetros químicos. Es fundamental evitar acumulación de amoníaco, nitritos y nitratos. Se recomienda instalar un filtro potente y hacer mantenimiento regular. Este incluye cambio semanal de aproximadamente el 50% del agua, eliminación oportuna de restos orgánicos (alimento no consumido, heces), revisión del equipo y monitoreo constante del pH y dGH.