Los adultos pueden alcanzar una longitud de hasta 9 cm. Su cuerpo es de color blanco, sus aletas son semitransparentes y carecen por completo de ojos. El dimorfismo sexual es poco pronunciado: las hembras son solo un poco más grandes que los machos, lo que se hace especialmente notable durante el desove. La forma terrestre de este pez, por el contrario, es completamente discreta, siendo un pez de río común. La separación de las dos formas de la tetra mexicana ocurrió hace unos 10000 años, después del final de la última edad de hielo. Los peces que se encontraron en condiciones subterráneas perdieron con el tiempo la mayor parte de su pigmentación y sus ojos se atrofiaron. Sin embargo, la pérdida de la vista fue acompañada por el fortalecimiento de otros órganos sensoriales, como el olfato y la línea lateral. La tetra ciega de cueva puede reaccionar incluso a cambios insignificantes en la presión del agua a su alrededor, lo que le ayuda a orientarse en el espacio y a encontrar alimento. Cuando el pez entra en un nuevo entorno, lo explora activamente, formando en su memoria un mapa espacial detallado, gracias al cual se mueve con confianza en la oscuridad total.