La facilidad de cría de esta especie se confirma si se logra adquirir una pareja ya establecida. En caso de que el macho y la hembra hayan sido criados por separado, no se debe esperar descendencia de ellos. Es más, el intento de juntarlos puede llevar a graves consecuencias: el macho, al percibir a una hembra desconocida como una competidora, es capaz de matarla. Con una pareja formada y las condiciones adecuadas, el desove se convierte en un fenómeno regular. No es difícil determinar el inicio del desove: el principal signo es la desaparición de la hembra. En este momento, ella deposita los huevos en un lugar escondido, permaneciendo allí para protegerlos. El macho, por su parte, se posiciona en la entrada del refugio, protegiendo el territorio cercano. El período de incubación dura solo 2-3 días. Los padres continúan cuidando a los alevines hasta que alcanzan un tamaño de 2 cm o más. Posteriormente, se recomienda separar a los alevines para evitar que sean devorados.