Para mantener un solo pez se necesitará un acuario de al menos 150 litros, mientras que para dos ejemplares ya se requieren más de 350 litros. Es importante asegurar que cada pez adulto tenga la posibilidad de ocupar un área individual en el fondo del acuario. La decoración debe imitar el lecho de un río de montaña; la base de la composición estará formada por grandes piedras y cantos rodados, y también se pueden usar troncos. Las plantas vivas generalmente no se plantan, ya que pueden ser arrancadas, dañadas o comidas. Se recomienda crear varios refugios en forma de cuevas artificiales o grutas de piedra, donde los peces vecinos puedan esconderse unos de otros. De esta manera, estos refugios servirán como centros de sus territorios y deben ubicarse a cierta distancia entre sí, en diferentes partes del acuario. La imitación de una corriente fuerte se puede lograr con un sistema de filtración potente o una bomba separada. La primera opción es preferible, ya que el filtro cumple una doble función: purificación del agua y creación de corriente. Las condiciones de mantenimiento pueden ser más o menos estrictas en cuanto al cumplimiento de los parámetros hidroquímicos, dependiendo de dónde se haya obtenido el pez, si de la naturaleza o de un criadero. Antes de la compra, es extremadamente importante aclarar las particularidades del mantenimiento con el proveedor o vendedor y recrear con la mayor precisión posible la composición química del agua en su acuario.