El principal problema propio de la raza son los trastornos de flotabilidad y de la vejiga natatoria. La causa es anatómica: el cuerpo acortado y redondeado deforma y comprime la vejiga natatoria. Agravan la situación el estreñimiento por falta de materia vegetal, el aire tragado con el alimento flotante, la sobrealimentación y los cambios bruscos de temperatura. La prevención es sencilla: alimento que se hunda o previamente remojado, verduras en la dieta, un día de ayuno semanal, unos estables 20–23 °C y raciones pequeñas. El segundo problema típico son las lesiones de los ojos prominentes contra decoración afilada, rocas, troncos o la toma del filtro, así como por ataques de compañeros inadecuados. Un ojo dañado, o debilitado por un agua de mala calidad, desarrolla con facilidad una infección secundaria: exoftalmia y opacidad de la córnea, que pueden acabar en la pérdida del ojo. Conviene recordar que en los telescopios la protrusión normal de los ojos es simétrica, de modo que una hinchazón unilateral siempre indica patología y exige aislar al pez y, ante todo, comprobar la calidad del agua. Entre las dolencias generales aparecen el punto blanco, las infecciones bacterianas, la podredumbre de aletas y las micosis; casi todas se previenen con volumen suficiente, agua limpia y cuarentena para los peces nuevos.